jueves 17 de septiembre de 2009

La balsa de la Medusa desde el colchón de una habitación


Desde esta casa de dolor e infierno, sólo hay lágrimas y sollozos. La escena de hace un rato fue realmente patética. Yo que me abalanzo sobre el dedo amenazador de mi hermana, el índice de su cerebro que solo advierte: Te lo dije. No pude resistir, como se atrevía después de todo (del pretexto de comprar su gula de Krispy Kreme donnuts a último momento). El peso de su cuerpo obeso pudo más que el mío y me aprisionó en el colchón de mi cama como un sándwich, tratando de inmovilizarme. Aún así lograba con una mano jalarle un puño de cabellos, morderla como un perro rabioso, escupirla en mi imaginación. Papá encima de ella ahora, tratando de inmovilizarnos a ambos. Los objetos caían constantemente al suelo alrededor… la cama como la casa podrida se caía a pedazos llena de su herrumbre interna.
Llegar así, a primera hora cuando estaba literalmente bajando del autobús, sólo podía ocurrírsele a mi hermana. Mi mamá llena de reclamos entre sus lágrimas de resentimiento, terminó por agarrar mi cinturón y pegarnos al grupo humano sobre la cama. Era el dibujo de su propio dolor, parodia desquiciante que se liberaba de ella en aquella tímida acción… la observaba desde abajo. En realidad sólo lograba dar cinturonazos al cuerpo de mi padre como revelando al culpable de esta situación enferma. Un génesis de años, siglos quizá… sólo comparable a la Biblia.
Y Papá destruyéndonos aún más… sus comentarios hirientes de siempre. De mi hermana hacía mi, de mi hacía mi hermana. Cobró una confrontación ya impostergable y desde hoy dejamos de ser hermanos; desde hace poco ya tan solos medios hermanos. Pues digamos que ese pequeño tirón desprendía la poca sangre, dejaba la mala leche... Papá nos convertía en enemigos desde ahora, bautizándonos desde el grito del infierno de la cama que nos ordeñaron de pequeños -en realidad diferentes camas por los lazos filiales a medias, aunque de dolor completo-. Y a todo esto, lo único que se me ocurría advertir es esta tonta balsa de la Medusa, pastiche burdamente improvisado sobre el colchón de esta habitación… Ahora sólo este encierro, y no querer volver.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Premoniciones

Ayer en la noche tuve unas pesadillas pesadísimas donde confundía la realidad. Mis sueños, con los momentos pasados y mis futuras acciones. No tenía claro exactamente en dónde estaba, la ciudad era lo de menos ¿Yo realmente dónde me encontraba?
Antes de ir a (...) la semana pasada tuve pesadillas recurrentes por dos semanas. Siempre lo mismo… se trataba de tenues temblores que pronto se agitaban hasta lograr la magnitud de un terremoto. Tenía siempre mucho miedo, se daba ante las situaciones más inverosímiles y aparentemente más inofensivas. Los escenarios cambiaban constantemente pudiendo estar sentado en mi cuarto, en un lugar público, acostado en la cama, en la computadora, en los camiones, durante una caminata tranquila por la mañana. Poco a poco esos terrores abandonaron el lugar del sueño y cada vez se volvían más y más reales. Esta situación desesperada de salir huyendo, de actuar bajo el instinto de supervivencia para ponerme a salvo. Lo primero que pensaba era en correr a la calle de donde me encontrara, aún así se tratara de un edificio de varios pisos. Al mismo tiempo que me decía, piensa, no te dará tiempo de salir afuera, tienes que serenarte y pensar con inteligencia. Afuera tampoco era seguro, ¿Qué tal si me alcanzaba un cable de luz electrocutándome o se abría la tierra bajo mis pies? Así las situaciones eran diferentes, pero el terror subyacente siempre el mismo. Durante el día había momentos en que me intranquilizaba, pasaba un camión afuera de la casa, escuela, trabajo y lo confundía con el temblor de mis pesadillas. Soñaba pues cómo mi casa se derrumbaba y no podía detenerlo, a lo más moriría aplastado como todos bajo el peso de su estructura, el techo, los muebles, etc. Lo comenté varias veces con amigos, estaba angustiado al tiempo que me decía que tan sólo era una mala pesadilla. En la casa de N, estando solo volví a sentirlo y me apresuré a tomar la llave, abrir las cerraduras y correr a las escaleras. Contemplaba siempre los lugares en que me encontraba, preguntándome como podía salvarme. Quizá en pensar la mejor ubicación dentro de la casa para estar seguro durante el suceso. Me relajaba al percatarme que tan sólo era un mal instinto, producto de mi imaginación. Pero al otro día, llegó N y se quedó a dormir conmigo. En un momento del sueño, comentó adormilada ¿Está temblando?. ¿Qué? –respondía. ¡¿Está temblando?! Replicaba confirmando mis sospechas y rápidamente a reavivar mi protocolo de pellizcarme y distinguir si estaba dentro del sueño, paso seguido a observar alrededor y detectar si los objetos se movían o incluso, lo seguían haciendo. En esa ocasión sí era cierto ¡Se movían!. Pero traté de conservar la calma y concentrarme. Al rato contestaba. No, no es un temblor. No me asustes. Y ella respondiendo que los camiones pesados al transitar en la calle contigua producían el efecto de estas vibraciones y titilar de los cristales en las persianas. De nuevo me relajaba y regresaba a mi actividad, por ejemplo si estaba leyendo un libro, etc. Algún día ocurrirá de verdad, me decía y ni siquiera habrá que tomar precauciones. Las catástrofes nunca dan tiempo de nada. Así, me dije que realmente no importaba morir aplastado; algún día todos teníamos que morir, ¿o no? Ya no pensaré más en meterme bajo la cama, debajo de la mesa o bajo la protección de alguna columna. Sólo permaneceré contemplando desde mi lugar el techo viendo como se desploma y muero asfixiado. Todo esto fue antes del día de la balsa de la Medusa en mi casa, reflejos inconscientes quizás, premonitorios de la situación por venir. Ahora ya no tengo miedo. Tomaré un baño de agua helada.

Reinvención de feromonas


Guardar un poco de semen tras masturbarte puede hacer que resultes más atractivo.

lunes 18 de mayo de 2009

Sapocerdo de Toledo


Clavó su mirada directamente en mis ojos y dijo:
A ti te gusta que te golpeen. Eres un lujurioso.
No – repliqué-, a mí me gusta golpear. Mientras, dejaba que acariciara mi cuerpo desnudo bajo las sábanas. Antes había mencionado que nadie podía entrar en su cama con ropa. En realidad necesitaba dormir un poco antes de continuar el viaje.
Claro, lo acepté. Y luego, sus insistencias en aumento. Me percataba que nada era realmente “favores” gratis. En la mañana, el señor había adquirido un Toledo de tan sólo 1500 dólares en el MACO, una ganga con la imagen de un sapo masturbándose con las piernas abiertas y de otro sapo enfrente observándolo en espera de la eyaculación. Lo contemplé en su sala un largo rato antes de entrar a su habitación. El dibujo del sapo me recordaba a él, tenía la misma complexión física pasado de sus 60 años.
Finalmente lo dijo. Me ordenó atarlo desnudo en su cama y colocarle las esposas en ambas muñecas. También que lo golpeara con su cinturón por más que le brotaran lágrimas o su rostro gritara una expresión de piedad. Así lo hice, igual lo amordacé para no tener que escucharlo más, observándolo retorcerse mientras los hechos se iban sucediendo. Su cuerpo obeso enrojecido como un cerdo. Me había prometido que jamás volvería a ocupar el lugar de abajo. Seguí sin lamentos, sólo contemplándolo hasta el hartazgo. Pronto me aburrí, recogí mis cosas y salí indiferente de la habitación, dejándolo amordazado. Era de madrugada. Pegué en la puerta de su casa un letrero improvisado que decía: DESATENME, SOY UN CERDO. Arteaga 104, Interior E. Para que al amanecer algún vecino curioso pudiera liberarlo.

lunes 5 de enero de 2009

Coleccionista de refranes

En casa decimos que alguien que sabe refranes puede tener nuestra confianza, porque no puede ser tan malo.

jueves 20 de noviembre de 2008

Charco de lágrimas


Despertarse llorando es signo de que una alegría viene en camino.

martes 7 de octubre de 2008

Expiación


Estaba ahí. De pequeño, el objeto amoroso, inocente al principio hasta convertirse en una práctica constante por parte de M en casa, enamorándome de un joven de 18 años. Él sufría espantosos ataques nocturnos que le paralizaban los músculos alrededor de la boca, enmudeciéndolo; paralizando luego el rostro completo y enseguida todo el cuerpo en una crisis extraña; que no podía comprender a mi edad -10 años menor que él-. Vivía bajo la culpa latente… lo escuchaba sollozar en privado si me acercaba a su habitación, con la biblia abierta por las noches.
Estaba bajo su cuidado. Él hacía los quehaceres de la casa, desde cocinar hasta hacer las camas y limpiar los autos desde temprano, entre cosas semejantes, aparte de atendernos como niñero, hacer su servicio militar los fines de semana; estudiar por las tardes. Una verdadera promesa viéndolo superarse de la pobreza de su pueblo. Con rapidez se volvió el hijo predilecto de casa pues era responsable, servil, educado, joven. Pero un buen día decidió abandonarnos, a mis padres y a mí. Empacó sus cosas y pretextó ir a su casa a ver a su hermana para no regresar. No podía entenderlo, me dejaba en este desierto sin paraíso. De nuevo al abandono. Al pasar de los años nos enteramos de que viviendo con su familia, había perdido la vista sin causa aparente. Estaba ciego. Ahora me doy cuenta, mis padres se habían enamorado perdidamente de Él.

jueves 4 de septiembre de 2008

La llave

Si se te quiebra una llave al abrir una cerradura, tu camino se verá interrumpido.