
Desde esta casa de dolor e infierno, sólo hay lágrimas y sollozos. La escena de hace un rato fue realmente patética. Yo que me abalanzo sobre el dedo amenazador de mi hermana, el índice de su cerebro que solo advierte: Te lo dije. No pude resistir, como se atrevía después de todo (del pretexto de comprar su gula de Krispy Kreme donnuts a último momento). El peso de su cuerpo obeso pudo más que el mío y me aprisionó en el colchón de mi cama como un sándwich, tratando de inmovilizarme. Aún así lograba con una mano jalarle un puño de cabellos, morderla como un perro rabioso, escupirla en mi imaginación. Papá encima de ella ahora, tratando de inmovilizarnos a ambos. Los objetos caían constantemente al suelo alrededor… la cama como la casa podrida se caía a pedazos llena de su herrumbre interna.
Llegar así, a primera hora cuando estaba literalmente bajando del autobús, sólo podía ocurrírsele a mi hermana. Mi mamá llena de reclamos entre sus lágrimas de resentimiento, terminó por agarrar mi cinturón y pegarnos al grupo humano sobre la cama. Era el dibujo de su propio dolor, parodia desquiciante que se liberaba de ella en aquella tímida acción… la observaba desde abajo. En realidad sólo lograba dar cinturonazos al cuerpo de mi padre como revelando al culpable de esta situación enferma. Un génesis de años, siglos quizá… sólo comparable a la Biblia.
Y Papá destruyéndonos aún más… sus comentarios hirientes de siempre. De mi hermana hacía mi, de mi hacía mi hermana. Cobró una confrontación ya impostergable y desde hoy dejamos de ser hermanos; desde hace poco ya tan solos medios hermanos. Pues digamos que ese pequeño tirón desprendía la poca sangre, dejaba la mala leche... Papá nos convertía en enemigos desde ahora, bautizándonos desde el grito del infierno de la cama que nos ordeñaron de pequeños -en realidad diferentes camas por los lazos filiales a medias, aunque de dolor completo-. Y a todo esto, lo único que se me ocurría advertir es esta tonta balsa de la Medusa, pastiche burdamente improvisado sobre el colchón de esta habitación… Ahora sólo este encierro, y no querer volver.



